20100822

13 Octubre 2006

Pálidas nubes lloronas me despertaron... La resaca del alcohol y los jarabes no me dejaban abandonar el lecho. Asco, sueño, mareos, tres lindas y comunes sensaciones que llegan siempre juntas únicamente para fastidiarme.
Se escucha un himno reggeaton acompañado de un jolgorio de adolescentes en edad puberta.
Y yo... aislada, encerrada en mi mundo de fantasía, como una cortina que me aleja de la lacra que me rodea.
Las nubes ya no están lloriqueando, pero están sensibles, como un pololo recién pateado, que tan pronto mencionas a su ex, lloriquea como un pobre idiota, porque eso es lo que es.

En medio de la nada, el pasto implora perdón de los corpulentos jugadores de rubgy, pero sus susurros son tan débiles, que se camuflan con las palabrotas que el entrenador grita a quienes siempre lo manipulan, sus propios alumnos.

La resaca no perdona y parece acrecentarse con un escalofrío que repentinamente me invade.
El olor de los aromos impregna en el ambiente enrarecido por el sudor y la lluvia.
A ratos, me hipnotiza mi propio mundo, y mi tobillo inflamado se queja, recordándome su estado y que es parte de mi cuerpo.
Mis zapatillas de lona están empapadas en barro y arcilla... normalmente sentiría asco y tendría enormes deseos de quitármelas y de irme a casa.

Sin embargo, esas ganas de irme no se han quitado.. pero el deseo no está latente, no es latente como cuando estás cuerpo a cuerpo con un hombre al que quieres hacer de tu propiedad, donde la ley son besos y mordiscos, sudor y lágrimas, quejidos y somnolencia bajo un mecanizado proceso, donde ambos conocen, inconscientemente, su rol.
Mi tobillo vuelve a quejarse, pero me limito a ignorarlo...

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Lo dejo hasta acá, el original seguía pero es peor que lo de arriba.
Qué hermoso es crecer, cara mia.