Y claro, como es de esperarse, inició una tormenta de meconio impresionante. La amenazaron con pegarle a la salida (a sus espaldas, como es típico de la gente valiente) y me ofrecí a prestarle ropa, porque pensaba (y aún pienso) que cada quién tiene derecho a decir lo que piensa, y depende de cada uno dejar que te afecte. Saqué también los cartelitos que pegaron una mañana, en el electivo de biología, donde se le amenazaba, un día que ella no fue a clases.
Pueden tildarla de amargada, de sin sentimientos, de maldita, pero conmigo fue buena amiga (quizás no afectuosa, pero who cares) y nos reímos igual.
Cuando conozco a esas personas "no-mainstream", y entre comillas, porque sigo creyendo que tienen algo de mainstream, que suelen ser confrontacionales, y déspotas, me da ese sentimiento de que voy a tener que estar protegiéndolos de sus propias palabras, quizás no directamente, porque creo que algún día serán perseguidos con antorchas, tridentes (si es que se llaman así) y bombas de hidrógeno.
Y sí, pienso a menudo (y no me he equivocado en eso) que esas personas tienen fuertes conflictos internos que no tienen pensado resolver, pero bueno, qué más se puede hacer por ellos, tampoco me corresponde decirles como deben vivir.
Y aunque me incomoden las personas así, suelen ser buenas amigas (y se creen formidables enemigos, pero la verdad es que no se la pueden conmigo), y mientras no se dediquen a mirar en menos a diario a nuestros o sus pares, la amistad puede existir.
Ah, pero lo que no tranzo es la gente arribista o racista. Pueden caerme bien, pero amigos, JAMÁS.
Me gustaría echar de menos el colegio, pero eso es tema para otra entrada.
Por cierto, amo el álbum Gourmandises de Alizée. Un saludo a Vincenzo que quizás lea esto, pero que no calza en ese perfil en lo absoluto. Porque sí.