20110518

Obtusa obsesión

Después de una nueva enchulada de blog, procedo a escribir una entrada que me daba vueltas en la cabeza, espero terminarla hoy, porque siento un sabor a povidona yodada y me está dando harto asco.

Siendo una pequeña de busto incipiente, grandes ojos y una voz un tanto trizada, producto de una calamitosa adolescencia, un día vio a un niño de su edad, con su apariencia cronológicamente apropiada, sedoso cabello castaño, capaz de reflejar todos los anhelos fantasiosos de una niñita que se creía joven. Jugaron a la pieza oscura, y nada perverso pasó. La niña, a quien le tocaba buscar a todos, se detuvo frente -intencionalmente- a él, ayudada por sus grandes y betacarotenizados ojos, y comenzó a acariciar la frente y el pelo del niño.
De una estatura un poco menor a la de ella, se convirtió en su perdición por años.

Ella nunca había dado un beso, y nació una atracción -difícilmente mutua, pues el pequeño temía a esas ideas- que terminó atormentándola por años. Querer entregar afecto a ese par de ojos sin fondo, a esa tierna voz de pito y caballerosidad propias de una inocente infancia.

En la transición masculina de niño a adolescente, la joven vomitó sus sentimientos sobre él de una forma casi agresiva, forzada por el horrible tormento que significaba amar a alguien en secreto. El joven se asustó y respondió con una cruel indiferencia.

Ahí decidió ya no más seguir con eso, sus esperanzas acrecentadas con la espera de los años la hicieron actuar mal, y comenzó el camino de vuelta del amor. El olvido. Pero no iba a ser tan fácil.
(Ya, me carga poner nombre a los personajes, pero ya se está haciendo tedioso hablar de la joven y el joven, se llamaran Dahlia y Vincenzo)

Alcanzando ya una mayor madurez y atractivo físico, Dahlia, aún obsesionada, pero de una forma más sana, discreta y considerablemente menor, finalmente logró su vivienda en la mente del ya joven Vincenzo, que ya había perdido cierta inocencia inicial, y miraba a la joven que lo amaba en secreto durante tantos años con otros ojos, se rozaron sus labios un par de veces, las caricias eran generosas, y reían juntos, deliciosamente.

Una tercera fugaz persona ingresó al círculo que a menudo rodeaba a ambos. La llamaremos Alma.

Alma no tardó en hipnotizarse por la mirada de Vincenzo, quien iba disparando a las jovencitas, sin intención, como un tanque estadounidense a una nación rica en petroleo. Alma era más atrevida que la joven que aún tenía ojos grandes, no tardó en confesar su reciente atracción, y Dahlia sentía cómo ardía por dentro, el que pestañea pierde, así que pisó el acelerador a fondo en marcha atrás, estrujando su corazón con la mano izquierda.

Lo que Dahlia no sabía es que Vincenzo no estaba interesado en ella, y aunque no lo estuviese, sentía empatía por Alma, así que decidió dejarle el camino libre a su conquista (aunque nunca creyó en las conquistas, varios habían intentado conquistarla, pero ella sólo creía en ese afecto que nace como pez globo asustado, fulminante e inesperado como un meteorito, que te hace sentir vulnerable, te hace sentir vivo).

Aunque no iba a dejar pasar su amistad, se hicieron más cercanos, hablando por teléfono lo que internet hacía demasiado impersonal. Alma logró conquistarlo. Hasta que un día, un día en que había duraznos en flor, le deja caer las noticias como un piano cayendo de un piso 5.

Me gustas mucho.

Lo lamento... tú también me gustas, pero Alma me agrada y no puedo pasar por encima de ella.

Pero ella a mi no me gusta.

Lo siento, eso iría en contra de lo que alguna vez sentí. Tú estás con ella.

Pero a mi no me gusta, es sólo que no quería verla sufrir.


Dahlia sintió cómo el espíritu se le quemaba como tomando un chorreante sandwich de queso fundido. Y no quiso seguir más la conversación.


Tiempo después, después de la inminente destrucción temporal de la psiquis de Alma, pero quemando con su obsesión a lo lejos, ella se alejó de Vincenzo, y de Dahlia, a quien estimaba, pero no consideraba su amiga.

Vincenzo había desistido de la idea de estar con Dahlia, y sus vidas siguieron normalmente, no con tanta intimidad, pero siempre con el dejo de afecto de gente que se conoce desde pequeños.


Finalmente, un día, su atracción se consumó. Por desgracia, este no es un relato erótico, así que no se consumó como creen ustedes. Quizás para otra invento uno erótico.

Cierto día, el grupo estaba aburrido, sin posibilidad de jugar n64, así que salieron a las calles a jugar, como los niños que alguna vez fueron. Decidieron jugar a las escondidas. Comenzó a contar el hermano de Vincenzo y huyeron hacia todas las direcciones.
Mientras corrían, Dahlia notó que corría junto a Vincenzo, quién le sonrió y le tomó la mano, corriendo ambos hasta doblar la esquina.

Jadeantes, se reían asomándose para ver la otra cuadra. Dahlia se dio vuelta, y Vincenzo la tomó de la cintura, la acercó con firmeza hacia él, sin darle tiempo de entender qué estaba pasando y le dio el beso más dulce y romántico que ella había podido recibir. Pareció un minuto, o dos, pero quizás fueron 10 segundos. Y se sonrieron. Estuvieron toda esa tarde, con duraznos en flor, tomándose de la mano, riendo con sus amigos como niños pequeños.


Las circunstancias de la vida los alejaron, el grupo estaba unido por un hilo, que a veces se cortaba, y pasaron varios años antes de que pudiesen saber del otro. Cuando lograron toparse en el cyberspace, se enviaron fotos uno del otro, hablaron de sus actuales parejas y se dijeron que se recordaban con cariño. Esperan algún día verse, como amigos. No todos tienen el lujo de compartir tantos cambios en la vida.

Dahlia hoy en día ya no se obsesiona, Vincenzo ya no es un rompecorazones, pero se ríen cada vez que se acuerda de esa historia y la recuerdan con cariño.


Cualquier alcance con la vida real... ah, váyanse a la cresta, piensen lo que quieran xD.

Saludos.



No comments:

Post a Comment