20140330

Cuento

Érase una vez un caballoo. Todos trataban de convencer al caballo de que era feo y deforme o una maldición de nacimiento.
Mira que bella es mi crin, qué grácil es mi forma de caminar, qué veloz soy. Los caballos en ningún momento querían hacer sentir mal al pobre caballo, sólo actuaban de manera natural, felices, regocijándose en lo que eran naturalmente.
El caballo se sentía triste de no ser hermoso, grácil o de poseer una voz seductora para las yeguas, pero era querido de todos modos, ya sea por lástima o porque quienes se acercaban a conocerlo no lo dejaban ir.

Llegó una sequía a su comunidad y el caballo sobrevivió a la sequía , angustiado por qué todos a quienes quería morían, sus padres temían por su futuro, porque creían que el caballo no poseía belleza para que otra criatura se apiadase de él, y perecieron mirando con tristeza a nuestro protagonista.
Pero como dije, caballo sobrevivió, sin necesidad de mendigar. No sabía por qué lo había hecho, y se angustiaba de ser el único en kilómetros a la redonda, en un laberinto de cadáveres. Se sentía rechazado incluso por el destino. -Ya soy feo, no merezco esto.

Entonces emprendió un viaje que duró varios días, buscando la muerte para huir de la soledad.

Finalmente, se topó con un caballo joven y muy feo, que lo miraba perplejo mientras comía limones. El potrillo llamó a su madre, que resultó ser tan fea como él y le ofrecieron de comer y de beber, y le dejaron usar la ducha. Estaba en un pueblo más grande que el suyo, estaba muy decorado, pero casi no veía figuras semejantes a si mismo.

-Resulta que llegaste en medio de un festival, el festival cítrico.-Le dijo el potrillo.
Y lo invitaron a participar de las actividades de la noche.
-Pero como eres nuevo, debemos vendarte. Confía en nosotros.

Nuestro protagonista algo asustado, sentía que debía corresponder a esa familia de alguna forma, y aunque sentía temor, no quería que ese temor después se transformase en arrepentimiento.

-Pasen entonces todos los nuevos.

Se escuchó una voz sonora, en medio de susurros, y el potrillo empujó desde atrás al caballo, quién se detuvo al sentir un cambio de terreno. Sentía algo distinto en sus pezuñas. No oyó comentario alguno al respecto, así que asumió que debía detenerse entonces. Algo le quitó la venda. Y con algo de desconfianza, abrió los ojos.

A lo lejos varias siluetas lo miraban, mientras giraba notaba que estaba en el medio de lo que parecía ser una carpa gigante. Se alivió al vez que no era el único en el centro, pero el resto de figuras a su lado parecían no oir nada. En un escenario, había cuadrúpedos enmascarados. Pudo distinguir una figura femenina.

-Joven caballo.
Dijo la figura enmascarada femenina, que sin darse cuenta, ya se hallaba a su lado.

La audiencia se había callado, y se podía oír su respiración y casi sus pensamientos.

-Puedo otorgarte belleza, fama, fortuna, puedes ser rey de la reina que te observa a lo lejos. Dime qué es lo que tu corazón desea.

Nuestro héroe vaciló. Pensó en sus amigos que ya no estaban, pensó en sus padres.

-Yo sólo... no quiero estar solo. Dijo humilde pero firmemente.

Se escucharon varios alaridos de sorpresa del público.

La figura femenina con un tono molesto le dijo.
-No es lo que te he ofrecido.

Nuestro héroe algo cansado dijo con seguridad.
-De usted no necesito nada. Gracias.

Entonces el público empezó a golpear sucesivamente sus cascos contra el suelo, y las otras figuras a sus lados, a un ritmo que emulaba un extraño redoble de tambores.
Entonces, el enmascarado más grande se paró en dos patas, y todos vitorearon alegres.

-Bienvenido hermano camello. Dijo la camella mágica.

Y el "potrillo" y la madre , no, el camellito y su madre se acercaron galopando al camello protagonista, felices, dándole de beber jugo de cítricos. En sus ojos ya no veía fealdad, todos eran hermosos.

El camello encontró la felicidad al saber que era un camello excepcional y un caballo terrible, la camella mágica revivió a sus amigos caballos quienes ya no lo llamaban feo, lo respetaban.



Este fue un cuento horrible. Mal redactado y hecho por mi.
Dedicado a todos los que se sienten feos como caballos y son camellos hermosos.
Shao.

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